Su coreografía en Negrita de los Kchiporros hizo que su trabajo sea visible para más personas. Es bailarina de street jazz, estilo con el que enseña a dejar los prejuicios de lado y ser una misma. ¿Lo logra en ocho tiempos?
Entrevista: Micaela Cattáneo
Fotografía y edición digital: Manuel Meza
Producción: Juan Ángel Monzón
Estilismo: Matías Irala
Antes de que Montse Coronel (29) empiece a marcar una coreografía a sus alumnos, esta tuvo que haber pasado por un proceso creativo en el que los desafíos están a la orden del día, sobre todo, cuando de seleccionar un repertorio musical se trata. "Hay como cuatrocientas músicas rondando en mi cabeza, hay veces que voy agregando canciones a mi Spotify y las uso después de dos años; me gustan pero no las siento todavía, entonces la guardo para otro momento", cuenta la bailarina de street jazz en medio de una charla en el balcón de su casa.
"Cuando al fin elijo una música, la escucho más de 40 veces, porque me gusta usar todos los sonidos del tema. Hasta que creo pasos en mi cabeza, me encierro en un lugar y dejo que mi cuerpo se vaya sólo. Hay bailes que me salen en 15 minutos y otros que duran dos o tres días, depende de la inspiración", continúa.
Y es que ella conoce el mundo de la danza desde los siete años, creció aprendiendo -al igual que sus hermanas y primas – jazz y clásico en la Academia de Luis Calderini. "La danza clásica es la base para formarse en todos los géneros, pero me costaba mucho porque yo tenía otra onda", recuerda, imitando el movimiento de cuello característico en coreos de Beyoncé o Britney Spears.
Como el street jazz es un estilo muy nuevo, las definiciones o el origen del baile no son frecuentes en las búsquedas de Google. Quien se pone a investigar sobre el tema, encuentra siempre una sola respuesta: "Nace en las calles de Nueva York". Montse lo define como "un compendio de todas las danzas de calle", entre las que incluyen jazz, funk y hip hop.
Entre sus primeros años de estudio en la carrera de Nutrición y el trabajo en la empresa familiar, a los 18 años -una vez terminada la secundaria-, la danza quedó en un segundo plano. "Como a esa edad ya estás en un grupo avanzado tenés que cumplir entre tres a cuatro horas de clase y no me daba el tiempo. Me frustré mucho porque pasé de hacer cinco horas de baile al día a practicar nada. Mi vida era el baile", explica.
De todas formas, al poco tiempo volvió a vincularse con la danza pero desde otro lugar: enseñando. "Durante tres años aproximadamente continué haciendo coreografías para los colegios, porque por lo menos ahí bailaba. Pero llegó un momento en el que, además del trabajo y la facultad, tenía a cargo cinco a seis grupos y me agarró un pico de estrés que derivó en un 'basta, no puedo más'. Durante cuatro o cinco años no tuve ningún tipo de contacto con el baile", comenta.
"No podía ver bailes porque sufría, parece ridículo pero cuando la danza es tu vida, cuesta. No había disciplina que reemplace al baile, todo lo que hacía me aburría. Hice CrossFit, Body Pump, AeroYoga y hasta pesas (donde duré dos días), me gustaban pero ninguna me hacía feliz como el baile", prosigue.
"Tan alejada estaba que ni siquiera pude ir a verle bailar a una amiga que estudiaba en una academia de Nueva York en una visita que hice por la ciudad durante un mes; sentía dolor que ni me podía acercar", explica. Sin embargo, fue en este mismo viaje donde descubrió el estilo que por años enseñó. "Mi amiga me dijo: 'Lo que vos hacés es street jazz'. Investigué y, una vez terminada la facultad, lo volví a implementar pero ya con el nombre", agrega.
“Tiene mucho que ver el sentimiento o el humor del día. Generalmente cuando estoy más loca o enojada, creo los mejores bailes. El street jazz te permite ser una bailarina versátil”
Desde ese momento el street jazz es su modo de expresión, una forma de explorar todas las opciones de baile, diversificarse y no encuadrarse en un sólo estilo. "Tiene mucho que ver el sentimiento o el humor del día. Generalmente cuando estoy más loca o enojada, creo los mejores bailes. El street jazz te permite ser una bailarina versátil", reflexiona.
La experiencia street jazz la traslada a dos espacios de baile: el Estudio de Danza Paz Pilates y la Academia de Danza Evolución. "Cuando decidí abrir estos espacios, en principio como un hobbie, lo hice porque cuando dejé la danza no tenía dónde bailar sólo por placer. Quería darle a las personas, sean bailarinas o no, un lugar donde distenderse después de un día complicado", asegura.
A las clases de street jazz que da las compara con una terapia, porque siente que con este estilo se encuentra un espacio de libertad donde el cuerpo fluye y los conocimientos de baile evolucionan. "No se trata de copiar una coreografía, sino de entender de dónde nace el movimiento para que tu cuerpo sepa qué estás usando. Mis alumnos me hinchan porque no me canso de decirles que en el abdomen está el equilibrio. Estudiar anatomía me ayudó a comprender el baile desde esa arista", destaca.
Y como toda bailarina sabe hasta cuándo un movimiento es apto y en qué momento hay que ceder el paso a los límites. "Yo trabajo con tu cuerpo y tu cuerpo es algo que yo no te puedo devolver. Creé una versión rodilla friendly, porque no quiero que mis clases sean un constante 'tengo tal problema y no puedo hacer'. Además, siempre hago dos versiones de la misma música, tanto para mujeres como para hombres", sintetiza.
La idea del street jazz es romper el tabú de que sólo pueden bailar aquellas personas "que empezaron con un tutú desde chicas". Para Montse la danza es algo natural en el ser humano y ya no es el mundo cerrado de antes, donde sólo los que estudiaban para profesionalizarse podían hacerlo. "Cuando veo bailar a mis alumnos, me fijo en cómo se desarman y ahí encuentro a la persona real, alejada de los prejuicios", analiza.

Baile accesible

El nombre de Brian Friedman es el primero que surge ante la pregunta de quiénes pisan fuerte en el género a nivel mundial. El creador de las coreografías de Toxic o I'm a Slave 4 U de Britney Spears abrió el camino al estilo gracias a sus vídeos en YouTube. Y le siguieron Yanis Marshall (muy popular en Facebook por su versión Single Ladies en tacos), Wade Robson, Matt Steffaninna, Jasmine Meakin, entre otros.
"Trato de no mirar muchos vídeos hasta que tenga hecho el baile completo. Porque inconscientemente quedan y puedo llegar a usar los pasos sin que me dé cuenta", indica Coronel, quien participó de varios workshops de street jazz en Buenos Aires con los referentes del estilo, como Chio Yamada.
Con el video de Negrita de los Kchiporros, donde baila junto al bailarín Ramón Méndez, pudo explorar otro estilo, creando una coreografía ligera y pegadiza. "Tuve que cambiar todo el baile porque había marcado unos pasos muy difíciles y la idea era que sea un juego, que a la gente le guste y se sume a la coreo cuando escuche el tema", relata.
Durante la grabación del video, Montse cuenta que moría por cantar la canción en plena coreografía; ya que está acostumbrada a hacerlo en sus clases. "Tenía que cerrar mi boca para que no se note", recuerda entre risas.
Y es que es común que sus alumnos le pregunten sobre cómo tienen que vestir o qué tienen que hacer durante la práctica. "Les dejo ser, que canten las veces que quieran y que usen la ropa que quieran. Suele pasar que vienen con rodetes o peinados estirados (¡Claro! Por las reglas del clásico), pero siempre les digo que si quieren pueden soltarse el cabello. Siempre muestro una versión más dura y otra más sexy, pero me encanta que puedan elegir ser libres y que nadie les juzgue, porque es la esencia del street jazz", menciona.
Próxima a lanzar su canal de YouTube, Montse responde que hasta cuando tiene tiempo libre baila y que los fines de semana -alejada del ruido y de la gente-, el sillón es su mejor plan. "Llego a las siete de la tarde y lo único que quiero es sentarme a ver la tele con mi marido (Jorge Machuca). Y como soy vegetariana, la cocina no es un problema. Mientras haya papas fritas en mi casa, todo está bajo control", relata con humor.
“Deseo poder llegar a más gente que quiera encontrar felicidad en la danza”
El street jazz le permitió compartir e intercambiar energía en su día a día. Enseñar la motivó a ser mejor persona y a demostrar que el baile es la receta perfecta para combatir la maldad o la agresividad que habita en el mundo. "Deseo poder llegar a más gente que quiera encontrar felicidad en la danza", piensa y en una pregunta interna resume lo que quiere transmitir cuando siente mala onda en alguien: ¿Deberías bailar un poco, no?