¿De qué manera nuestros padres se adaptan a la virtualidad durante la cuarentena? ¿Qué tipo de ayuda les otorgamos? Hay muchas experiencias productivas y anécdotas cómicas al respecto, pero todas tienen algo en común: Fue un desafío para todas las partes.
El Dr. Cubas estaba participando de una reunión en Zoom con 80 profesores y miembros del Consejo de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional de Asunción (UNA) cuando de pronto, los integrantes de la sala empezaron a escribirle en el chat: “Doctor apagá tu micrófono”. En el afán de querer resolverlo, silenció a quien estaba hablando en ese momento. De inmediato llamó a su hija Jessica para que lo ayude a solucionar el problema.
“Jessica vení un poco ve qué pasó”, dice ella sobre cómo le pidió auxilio. Antes de que empiece su reunión, ella le había explicado que cuando entrara a la videoconferencia debía apagar su cámara y su micrófono. “Pensé que me había entendido. Cuando fui a ayudarlo, vi que todos nos veían y escuchaban. Yo que estaba en pijama tuve que decir: ‘Hola, gente. Tuvimos problemas técnicos”, cuenta entre risas.
Entre las tantas cosas que trajo la cuarentena a nuestras vidas, una de las que más impacto ha generado es la hiperconectividad. Cada miembro de la familia independientemente del rol y la edad, en algún momento del encierro intentó conectarse a una videollamada; pasó más tiempo de lo normal en las redes sociales o maratoneó capítulos de series o películas.
El manejo pleno de la tecnología no suele estar vinculado a generaciones como la de los baby boomers, aquellos nacidos después de la Segunda Guerra Mundial y hasta 1965. Pero particularmente en esta cuarentena, esta generación de la cual forman parte principalmente nuestros padres, tuvo que adaptarse a los nuevos cambios y aprender a convivir con lo único que mantenía la conexión al mundo exterior.
Alrededor de 30 amigos me contaron cómo fue la relación entre sus padres y la tecnología durante el confinamiento. La mayoría reportó que la plataforma en la que más pidieron ayuda fue Zoom, seguido de Netflix, WhatsApp y Facebook. Sin embargo, muchos de ellos mencionaron que el pedido de ayuda no fue muy frecuente, sino más bien algo esporádico o que ocurrió entre dos a tres veces por semana.
Muchas de estas experiencias dejaron anécdotas que desde la mirada de los hijos son bastante graciosas. “Estábamos festejando el cumpleaños de mi hermana por videollamada y mi papá creyó que solo le estábamos grabando un video hasta casi el final de la reunión”, relata Claudia, de 25 años. Angie, de la misma edad y la menor de su familia, contó que su padre había enviado un emoji grosero sin querer y que cuando quisieron borrarlo rápidamente el celular no reaccionó porque se había colgado.
La socióloga paraguaya Ana Portillo reflexiona que estos ejemplos muestran cómo se rompió ese esquema en que los adultos son los únicos dueños del saber relevante y los niños, adolescentes o jóvenes son completamente dependientes del grado de madurez, inteligencia o acceso cultural de los mayores que les rodean. “Esto se da tanto entre docentes y estudiantes, como entre padres e hijos. Las generaciones actuales tienen un rol educativo nuevo que antes les era vedado”, explica.
En ese sentido, ahora ¿tienen más los padres que aprender de sus hijos que los hijos de sus padres? La profesional de esta ciencia social señala que por primera vez en la historia la generación más joven tiene un acceso y manejo a medios culturales y tecnológicos que la generación adulta no tuvo antes.
“Pero eso no solo tiene que ver con la invención de tecnologías más sofisticadas en el campo de las telecomunicaciones, sino también en cómo cambió la forma de crianza, ya que los padres, madres o adultos en general permitieron a toda una generación (considerados hoy millennials, centennials, etc.) acceder a lecturas, computadoras, internet, etc. de una manera más abierta e incluso si se quiere, más democrática”, asegura.
Generalmente esa forma de entender la crianza está sujeta a los nuevos conceptos que devienen con el tiempo y no tanto con las pautas que les fueron establecidas hace años. “O sea, imagínense que en la época de los baby boomers había más control y censura sobre qué materiales eran accesibles a los niños, es decir, no se leía cualquier libro sin el permiso de los padres o no se veían programas de tevé a cualquier hora porque la televisión estaba en un lugar público donde los adultos podían observar lo que se consumía. La lógica de la computadora cambia eso”, agrega Portillo.
Claramente esa capacidad de comprender plenamente la era digital es un asunto generacional. De hecho, esta realidad está graficada con humor en el meme del perro fortachón y el perro debilucho que ha recorrido las redes sociales las últimas semanas, donde se hace principalmente una comparación sobre como era la vida antes y como es ahora.

Más allá de lo digital

Orlando Ottaviano es director de la carrera de Diseño Industrial de la Universidad Nacional de Asunción y padre de dos hombres, de 39 y 38 años, y de una mujer de 36 años. Así como muchos maestros, Ottaviano tuvo que dar clases a distancia, y aunque asegura que el teletrabajo es flexible en cuanto a horarios, puede volverse muy estresante cuando uno se sobrecarga de tareas.
Durante esta cuarentena, el mayor desafío que tuvo como docente fue el de aplicar a la enseñanza las herramientas tecnológicas que antes desconocía, como Zoom y Meet Hangout. “Mi hija menor, que es licenciada en Hotelería me ayudó a usar estas plataformas. Ella fue la que más me ayudó y en general fue y es muy paciente conmigo”, expresa Ottaviano.
A principios del aislamiento social, una compañera de trabajó me contó que no le tenía tanta paciencia a su mamá cuando le pedía ayuda con Zoom y que en una de esas ocasiones su madre le cuestionó: “Pero cómo si yo te enseñé a escribir cuando eras chica”. Y es que lo cierto es que con el confinamiento, el desafío frente al uso de las nuevas tecnologías ha sido mutuo, tanto para los padres como para los hijos.
De todos los amigos que respondieron el cuestionario sobre los padres y la tecnología en cuarentena, más del 30% indicó que si bien se tomaron el tiempo de enseñar a sus padres las maneras en que funcionan ciertas herramientas, finalmente prefirieron resolver el problema ellos mismos cuando una consulta se hacía repetitiva. Sin embargo, la otra realidad con más porcentaje fue la que decía totalmente lo contrario, es decir que una vez que les mostraron el paso a paso, aprendieron enseguida.
Aunque en menor grado, hubo respuestas diversas como: “Sí le enseñé, pero no quiere aprender”, “Sí, pero se olvida”, “No, no tengo paciencia para enseñarle” y hasta “Sí, le mostré una vez y después le dije: ¡suerte!”. Generalmente la tecnología es presentada como un obstáculo en la relación entre padres e hijos y aunque efectivamente lo sea en algunos casos, en otros como aquellos que tienen de contexto a la cuarentena el por qué tiene una hipótesis más definida.
“Creo que lo que está afectando esa relación no es solo el uso de la tecnología, sino un cambio muy fuerte y repentinamente intenso en la forma de producir y entender la productividad y la mezcla en un mismo espacio de dos ámbitos que estaban separados: Las relaciones familiares y el trabajo (sobre todo en ciertos tipos de trabajos urbanos). Estos ámbitos repentinamente vuelven a fusionarse y se enclaustran en la casa, lo cual hace que muchas veces se rompan los esquemas que teníamos definidos”, concluye la socióloga.