Después de más de seis meses de pandemia, la industria musical está buscando alternativas para revivir los conciertos en físico. Muchos países del mundo lo intentaron y los resultados han sido positivos. Si no me creen, a las pruebas me remito.
Texto: Micaela Cattáneo
En el primer concierto “post Covid-19” que se realizó en Inglaterra, el público fue separado en grupos de hasta cinco personas en cubículos que estaban rodeados por vallas papales. Todavía cuesta pensar en que esta será la nueva normalidad por un buen tiempo, pero habrá que hacerse la idea porque la música, como tantas otras expresiones artísticas, fue y es tan necesaria para seguir resistiendo.
Ese concierto en Inglaterra fue uno de los primeros organizados luego de la cuarentena más estricta, lo brindó el músico inglés Sam Fender y reunió a 2.500 personas en una locación dispuesta al aire libre. Separados por los ahora tan memorizados dos metros de distancia y obligados al uso de mascarillas en los pasillos del evento, los asistentes vivieron el concierto sin moverse de su lugar asignado, sin pogos y sin aglomeraciones en los baños, la cantina o la salida del show.
Una experiencia similar sucedió en Alemania con el concierto del cantautor Tim Bendzko, quien brindó tres shows seguidos durante un fin de semana como parte de un experimento científico de la Universidad de Halle. Sí, a partir de este espectáculo, la universidad investigó las condiciones en las que estos eventos pueden realizarse pese a la pandemia.
Primer concierto post Covid-19 en Inglaterra. Foto: AP.
La investigación titulada Restart-19 buscaba simular el riesgo de un brote de Covid-19 a partir de tres etapas distintas en cada concierto. Es decir, en el primer show no se tuvo en cuenta a la pandemia como contexto; en el segundo sí y se respetaron algunas normas de limpieza y cierto distanciamiento social, y en el tercero el protocolo aprobó sólo a la mitad del público asistente y la separación de 1,5 metros entre una persona y otra.
El evento convocó a 1.500 voluntarios sanos de entre 18 y 50 años, quienes además de barbijos, tenían puestos dispositivos de rastreo y desinfectantes fluorescentes para que los investigadores pudieran medir su distancia y las superficies que tocaban, respectivamente. Además, a todos se les hizo una prueba de Covid-19 antes del show.
Este experimento surgió ante la preocupación que genera la extensión de la pandemia a los productores de eventos culturales masivos, para quienes ya es urgente encontrar soluciones. A principios de abril, varias organizaciones alemanas de la industria musical analizaron que el rubro podría sufrir pérdidas de 5.500 millones de euros durante estos meses a raíz de la crisis sanitaria, sobre todo si se tiene en cuenta que es en la temporada primavera-verano donde más festivales de música hay en Europa.

La respuesta de Latinoamérica

La industria musical regional comparte la preocupación de su par europea y busca alternativas para que, de alguna forma, el entretenimiento siga generando fuentes de trabajo. Uruguay fue el primer país de Latinoamérica en llevar adelante un concierto post pandemia. Fue un 9 de julio en La Trastienda, una sala de conciertos donde pueden ingresar más de 400 personas, pero que tuvo que reducir su capacidad a un poco más de 100 por la situación actual.
En aquella oportunidad, la banda Buenos Muchachos ofició de anfitriona; sin embargo, de sus nueve integrantes sólo podían subir cuatro al escenario, por lo que tuvieron que ir rotando a lo largo del concierto. Esta misma condición, además de las ya conocidas medidas de higiene, se aplicó en el festival Suena Uruguay, realizado en agosto pasado.
Foto: Marcos Mezzottoni (El País Uruguay).
Más de 12 artistas se presentaron en los escenarios de dos salas de Montevideo: La Trastienda y Sala del Museo. “Los cuatro músicos que subían al escenario debían mantener una distancia de dos metros y aquellos que no cantaban tenían que utilizar tapabocas. La verdad que las bandas colaboraron muchísimo, hicieron un esfuerzo gigante porque muchas tuvieron que hacer cambios de formato”, relata a VOS Camilo Sequeira, director de Sala del Museo.
La iniciativa del evento fue de Uruguay es música, un colectivo de productores, managers, agentes de prensa y encargados de salas que se formó a principios de la pandemia para apoyar a los músicos, técnicos y miles de trabajadores de la industria musical que se vieron afectados por la crisis sanitaria. “Cuando en mayo el gobierno uruguayo autorizó la apertura de los locales gastronómicos, solicitamos que se repliquen los protocolos para nuestro rubro y así poder realizar espectáculos con mesas y sillas, distribuyéndolas a grupos de hasta cuatro personas y manteniéndolas separadas a cada dos metros de distancia”, comenta Sequeira.
Su espacio tiene una capacidad de 1.100 personas, pero con el contexto actual sólo pueden ingresar 192. “No sabemos si esta será la forma en la que se harán los shows en pandemia. Todo es una incertidumbre. Estamos tratando de generar algún protocolo más benévolo para realizar conciertos al aire libre, pero la realidad es que es muy difícil sacar adelante un recital con la capacidad limitada, porque los costos son muy altos”, reflexiona Camilo.
Y agrega: “A mí parecer, hasta que la vacuna no sea encontrada y tenga efectividad volver a la normalidad, el gran desafío será poder sustentarse económicamente dentro del rubro”.
Por su parte, Rodrigo Nogués, director de G5pro, considera que ahora, con el ingreso de la primavera y posteriormente con el verano, en Paraguay se podrían llevar a cabo shows con protocolos adaptados según estos sean lugares cerrados o abiertos. “Visto que en muchos lugares del mundo están implementando los autocines con mucho espacio entre un móvil y otro, y que el contagio en un ambiente dispuesto al aire libre es menos probable, podrían realizarse este tipo de shows siempre y cuando la gente utilice tapabocas y respete las distancias establecidas”, menciona.
Nogués considera que sí hay maneras de realizar espectáculos en medio de este contexto y cree que es hora de empezar a perder el miedo, aprender a vivir con esta situación y tratar de volver de a poco a la normalidad de antes; a la vibra y energía de un concierto en vivo.