Solemos recurrir al alcohol para levantarnos el ánimo, calmar la ansiedad o simplemente hacernos sentir más sociables. Pero, ¿qué pasa si dejamos esos hábitos?
Cuando dejas de beber, el impacto en tu estado de ánimo puede ser asombroso, pero es posible que tengas que superar algunos obstáculos para llegar allí, explica la neurocientífica Kristen Willeumier.
“Las personas a menudo eligen beber para modular su estado de ánimo, con el objetivo de reducir temporalmente las emociones negativas y mejorar las emociones positivas. Sin embargo, debido a que el alcohol afecta a múltiples sistemas de neurotransmisores, puede resultar en una variedad de emociones: desde sentirse energizado, relajado, seguro y feliz , a sentirse cansado, agresivo, inquieto, irritable y deprimido“, explica la Dra. Willeumier.

CANTIDAD Y FRECUENCIA

Los impactos negativos iniciales de estar sobrio pueden variar según la cantidad y la frecuencia con la que bebas.
Cantidades leves
“Para aquellos que consumen cantidades leves a moderadas de alcohol, de una a tres bebidas por semana, cuando se detiene el consumo, los sistemas de neurotransmisores en el cerebro intentarán restablecer el equilibrio, lo que puede afectar temporalmente de manera adversa sus patrones de sueño y su estado de ánimo. En última instancia, una vez que los sistemas de neurotransmisores estén nuevamente en equilibrio, su estado de ánimo se restablecerá y agudizará su memoria, su estado de alerta y su concentración “, añade la especialista.
Cantidades elevadas
“Para aquellos que beben más de tres bebidas a la semana, cuando el alcohol se reduce o detiene abruptamente, puede seguir un síndrome de abstinencia, caracterizado por convulsiones, insomnio y agitación. Esto se debe al exceso de actividad de los sistemas neurotransmisores excitadores intentando equilibrar los efectos inhibidores del alcohol”, nos detalla.
Efectos secundarios
Dejar de beber conlleva muchos efectos secundarios porque el alcohol tiene un gran impacto en el estado de ánimo. “El consumo de alcohol está relacionado con deficiencias cognitivas, emocionales y de comportamiento”, expresa. “El alcohol contiene etanol, una droga que actúa para deprimir la función cerebral. Si bien inicialmente puede relajarlo y mejorar su estado de ánimo, también puede provocar resaca, agotamiento o depresión”.
Y el alcohol también afecta a las funciones cognitivas. “El uso prolongado puede conducir a neuroadaptaciones en el cerebro que conducen a la adicción. Desde el punto de vista del comportamiento, el alcohol afecta el procesamiento de la información, lo que puede resultar en una mayor impulsividad (es decir, agresión, violencia, conductas de riesgo) y deterioro del control motor (es decir, dificultad para hablar, reflejos lentos, problemas de equilibrio y de marcha)“, indica la Dra. en un reporte a Well + Good.
“El alcohol también afecta muchos aspectos involucrados en el procesamiento cognitivo: atención, memoria de trabajo, monitoreo de conflictos, juicio. Con el uso prolongado, el abuso del alcohol puede provocar alteraciones en la estructura y función del cerebro, reducir el volumen del cerebro y aumentar el riesgo de problemas cognitivos leves, deterioro y demencia“.