Tomar una copa de vino antes de acostarte es una de los mejores hábitos que podés adquirir para mejorar tu salud. El tinto contiene una gran cantidad de antioxidantes que estimulan el sistema inmunológico y protegen a la piel del envejecimiento prematuro.
Por supuesto, los beneficios se hacen efectivos con el consumo moderado de esta bebida alcohólica hecha a base de zumo de uvas, porque, como en todo, el exceso es lo que hace daño. ¿Cuáles son esos aportes positivos para nuestro organismo?

Ayuda a bajar de peso

Según un estudio hecho por la Universidad Estatal de Washington, el vino tinto puede ayudar a reducir el riesgo de obesidad en un 70%. Esta bebida sólo aporta 80 calorías por copa y sus componentes son capaces de convertir el exceso de grasa blanca en beige, estimulando así la quema de las mismas.
Una investigación del instituto británico Frnacis Crick señala que lo ideal es beberlo durante o después de la comida, ya que esto brinda mayor saciedad y no provoca el “efecto aperitivo” o las ganas de comer de más, que sí se hacen presentes cuando lo bebemos antes de la cena.

Reduce el estrés y la presión arterial

¿Tuviste un día cargado y necesitás relajarte? Un vino tinto ayuda a bajar los decibeles; a apagar todo el peso que tenés en la mente. Un estudio realizado en Nueva York y en China reveló que esta bebida contiene resveratrol, un componente que permite mantener bajo control los niveles de ansiedad.
Este mismo componente es un antioxidante que ayuda a mantener los vasos sanguíneos sanos. Por lo tanto, una copa de vino al día puede reducir la presión arterial y a su vez aumentar los niveles de colesterol bueno en la sangre.

Es un excelente digestivo

Si tenés problemas intestinales, podés darte el gusto de tomar una copa de vino tinto por las noches para ver cómo te ayuda a mejorar la digestión, gracias a que es capaz de destruir las bacterias que se encuentran en el estómago. Y una vez más, esta hábito tiene un mejor efecto si lo hacés después de comer.
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