Conocé estas dos iniciativas que surgieron a raíz de la crisis sanitaria de Covid-19 con el objetivo de ayudar a las personas más necesitadas. Son proyectos comunitarios, de y para la gente, que demuestran que, definitivamente, la unión hace la fuerza.
Fotografía: Gentileza
Cynthia Castro se quedó sin trabajo el 14 de marzo, apenas iniciaba la cuarentena. Era empleada en una importadora de cosméticos que tuvo que cerrar a raíz de la situación generada por la pandemia. Había cobrado el sueldo correspondiente a esos 15 días laborales, pero para principios de abril las necesidades en su casa se empezaron a sentir con más fuerza.
“Recuerdo perfectamente que era un 7 de abril y yo tenía solo dos cartones de leche para mi bebé. Estaba súper preocupada porque no cuento con la ayuda del papá. Vi en Twitter que Marcelo Elizeche creó Ayudapy.org, una página donde podíamos pedir ayuda. Tenía vergüenza de pedir, pero probé. A la medianoche me anoté y una hora después recibo un mensaje de una persona que quería ayudarme”, cuenta Cynthia, que también es mamá de un nene de 10 años.
Todavía conserva el mensaje de la persona que le donó las cajas de leche. “Anoche vi tu pedido y siendo sincero creo que no dormí tranquilo porque también tengo un bebé en casa y sé cómo nos sentimos cuando nos falta algo para nuestros hijos”, le decía en una nota de voz el hombre que la ayudó.
Cynthia recuerda que al día siguiente le escribió a Marcelo para agradecerle por haber creado la plataforma. “No sé si él dimensiona lo importante y valiosa que fue su ayuda para las personas que como yo estábamos pasando un muy mal momento”, comenta.
El 6 de abril, el desarrollador Marcelo Elizeche Landó lanzó la plataforma Ayudapy.org a través de su cuenta de Twitter: “Hola! Viendo que, con toda esta situación, hay muchas personas que necesitan ayuda y otras que quieren ayudar y no saben bien a quién, creé Ayudapy.org para unir a la gente que necesita con la que quiere ayudar”, escribía.
“A los 20 minutos de lanzar el tuit ya hubo un primer pedido de ayuda y el primer día hubo 400 pedidos. La gente empezó a ayudar y visibilizar lo que pasaba en su barrio. Había personas que ni idea tenían de que su vecino o alguien que vivía a una cuadra estaba pasando hambre o estaba mal”, relata.
Elizeche señala que es imposible cuantificar la cantidad de beneficiados y benefactores que movió la plataforma, es decir si la acción solidaria se concretó más allá de la web; sin embargo, puede confirmar que más de 143.000 usuarios únicos entraron a la página ya sea para solicitar ayuda, donar o solo mirar el contenido de la web.
Alejandro Franco es uno de esos 143.000 usuarios, recurrió a la plataforma porque se quedó sin un ingreso fijo. Antes de la cuarentena, vendía mbeju con cocido en la Universidad Nacional de Asunción, pero las medidas impuestas a partir del aumento de casos de Covid-19 lo obligaron a buscar ayuda de donde sea.
“Estaba desesperado porque me quedé muy mal económicamente, me había casado recién y ni mi esposa ni yo teníamos un trabajo fijo. Pedí víveres en Ayudapy y pensé que iba a tardar o no me iba a tocar, pero me tocó. No recuerdo el nombre del joven que vino a ayudarme, era muy reservado, pero sí de su rostro”, comenta sobre quien lo ayudó cuando más necesitaba.
Ahora, Alejandro y su esposa venden productos de limpieza y neumáticos para salir adelante en este período de incertidumbre (podés contactarlo al 0972 283 229). Durante esta cuarentena, muchas comunidades se mantuvieron gracias a la solidaridad de sus miembros. Es el caso de Felipe Ibarra que vive en la compañía Toledo Cañada, a cuatro kilómetros de Capiatá.
Él ayudó a un par de vecinos a subir sus pedidos a la plataforma, quienes inmediatamente recibieron respuestas a sus necesidades. “Una de mis vecinas es ama de casa y su marido había dejado de trabajar. Tienen dos nenas chiquitas. Honestamente, no tenía esperanzas de que funcione porque estamos alejados del centro de Asunción. Una hora después de subir el pedido, una persona se contacta con mi vecina, que por cierto no tenía smartphone y tuve que ayudarle a enviar su ubicación para que le traigan los víveres”, relata Felipe.
Algo similar sucedió con Mabelia Gutiérrez, quien vive con sus tres hijos entre Arroyos y Esteros y Primero de Marzo (Cordillera). Antes de la cuarentena, se ganaba la vida lavando ropas o limpiando chacras de otras familias. Pero con la crisis sanitaria, la situación en su zona empeoró, dejando sin trabajo a muchos de los que se mantenían con changas.
“Me descargué Twitter porque me habían comentado sobre Ayudapy.org, ahí ingresé a la página y mi pedido recibió una respuesta luego de ocho días. Un conocido que vive en el centro de Primero de Marzo me trajo la ayuda en representación de varias personas. Además de víveres y productos de limpieza, me trajeron pañales y leche porque es lo que más necesitaba para mi beba de un año y siete meses”, indica y añade que debe volver a solicitar la ayuda porque se le están acabando los productos.
El también experto en informática, Marcelo Elizeche, asegura que en parte creó la plataforma con un código abierto —de libre acceso— para que la idea pueda ser adoptada en cualquier parte del mundo. De Argentina lo contactaron para implementar la página. Asimismo, Indonesia está pendiente a lanzar una réplica de la misma. “Es increíble, porque están del otro lado del mundo, pero las necesidades hoy son las mismas”, finaliza.

Fuerza colectiva

Jony Fleischmann y Albert da Costa son los líderes de un proyecto solidario que nació a raíz de la pandemia: La Resistencia. Cuando inició la cuarentena, buscaron fondos de sus contactos más cercanos para ayudar a las personas que no estaban recibiendo ningún tipo de auxilio en medio de la crisis.
El resto del equipo, entre ellos arquitectos, educadores, bancarios, productoras audiovisuales, fotógrafos, personas del rubro gastronómico, entre otros, se sumaron con el tiempo para aportar desde donde cada uno podía. “Ya sea desde la comunicación, la producción, la recaudación de fondos, la habilitación de las cuentas bancarias, etc.”, relata Eugenia Venialgo, una de las 11 personas que conforma el proyecto.
Parte del equipo de voluntarios de La Resistencia.
La Resistencia es la historia de un grupo de amigos que se unió para sumar fuerzas y generar un impacto real en las personas que no tuvieron las mismas oportunidades. “Esta pandemia nos hizo sentir, al principio, desconcertados y solos. Pero con el correr de los días, entre nosotros encontramos capacidades y herramientas que juntas podían ser inmensas”, reflexiona.
Y continúa: “Era necesario ponernos en el lugar del otro y ayudar desde donde podíamos; convertirnos en un equipo que se enfocara en resolver necesidades urgentes”. Venialgo señala que al inicio, como el equipo no podía salir a repartir los kits debido a estrictas medidas de la cuarentena absoluta, contactaron con Adriana Ortiz, presidenta del Instituto Paraguayo de Artesanía (IPA), con quien resolvieron la dinámica de identificación de zonas cercanas y lejanas de todo el país para la distribución de los donativos.
Así, los kits de alimentos de La Resistencia llegaron a 276 familias de artesanos y artesanas de Bahía Negra, en Alto Paraguay, Chaco paraguayo, entre ellas del pueblo indígena yshir chamacoco de Puerto Diana; a 229 familias de artesanos en situación de vulnerabilidad de Carapeguá; a 20 mujeres tejedoras de Ñandutí de Itauguá, entre muchas otras.
Movidos bajo el lema “Nadie puede quedarse sin comer”, La Resistencia ya colaboró con más de 2.000 familias durante la cuarentena. Actualmente, siguen recibiendo donaciones en las cuentas bancarias habilitadas, ya que con ese dinero adquieren los alimentos no perecederos directamente de los fabricantes y a precios preferenciales, con los cuales arman los kits para los que más necesitan.
Además de trabajar en conjunto con el IPA, reciben pedidos de donación de organizaciones barriales o de personas particulares, llevando su ayuda a diferentes realidades. “La gente se motivó, se unió y fuimos encontrando cada vez más personas que se acercaban a ofrecernos una mano”, concluye Eugenia y adelanta que el deseo del equipo es convertir a La Resistencia en una fundación.

Más info

Para donar en La Resistencia:
1. Banco Itaú: Cta. 700755947 (Eugenia Venialgo - CI: 2.316.034).
2. Banco Familiar: Cta. 3-6691500 (Andrea Morínigo - CI: 4.393.754).
3. Banco Sudameris: Cta. 3378023 (Yvette Salum - CI: 3.202.262).
4. Banco Atlas: Cta. 983528 (Fabiola Fanego - CI: 2.885.952).