La amistad es fundamental en todas las etapas de la vida y principalmente en la infancia, etapa en la que se empieza a desarrollar la capacidad de socialización. ¿Cuándo un niño o una niña empieza a tener amigos? ¿Es normal que tenga amigos imaginarios? ¿Puedo ser amiga de mi hijo o hija? Estos son algunos de los cuestionamientos que nos hacemos frecuentemente los padres.
La importancia de los amigos para los niños
Los primeros años de vida son fundamentales en el ámbito de la socialización. Los padres son los encargados de estimular el desarrollo y la comunicación del chico con su entorno. Hacer que se sienta querido y, sobre todo, protegido es muy importante. Por otra parte, gracias a los amigos, el niño asume un rol y es capaz de entender acerca de la colaboración, el respeto, la empatía y el trabajo en equipo, además de jugar y divertirse.
Los padres no deberían imponer amistades a sus hijos. Respetar su independencia es fundamental, pero a veces es necesario intervenir, ¿cuándo ocurre esto? Si bien el hecho de que el niño o la niña pertenezca a un grupo de amigos es común recién a partir de los 10 años en adelante, los papás siempre deben vigilar que no se vincule con grupos que fomenten la agresividad o la falta de respeto. Es en esta circunstancia en donde tienen que inmiscuirse y alentar a la búsqueda de nuevos amigos.
Amigos imaginarios
Los primeros amigos de los niños, cuando son bebés, son habitualmente los peluches o algún juguete en especial, con el que generalmente, querrá pasar la mayor parte del tiempo. Entre los dos y los ocho años muchos chicos tienen amigos imaginarios. Esto es algo completamente normal que no debe preocupar a los padres, salvo algunas excepciones. Los sicólogos dicen que así como vienen, estos personajes se van. Es una fase que tiene fecha de caducidad.
Aunque realmente no existe un perfil característico de niños con estos pequeños compañeros (que pueden ser animales, súper héroes, personas o seres mitológicos), algunos expertos han llegado a la conclusión de que el grado de creatividad es un elemento clave que influye de alguna forma. Otros aseguran que muchos niños, que son hijos únicos, tienden a tener estos amigos imaginarios, que serían como un yo complementario. Los padres deberían tomar esta situación como algo normal, sin avergonzar al niño y sin ignorar o querer que desaparezca el amigo.
Nuevos amigos
La guardería es el lugar en donde casi siempre empieza el relacionamiento de un niño. Es ahí donde comienza a conocer a sus pares, a realizar trabajos en grupo y a tomar preferencia por algún colega en particular. El mundo del chico cambia porque de repente tendrá que compartir las reglas y las normas de una escuela y empezará a socializar de verdad. Esto implica una serie de habilidades que los niños pequeños necesitan aprender y desarrollar. En este tiempo es común que los amigos cambien con frecuencia y tampoco hay que preocuparse por eso. Es normal.
Recién en la secundaria es donde las amistades realmente se afianzan y en donde el niño empieza a tener una gran dependencia de sus compañeros. Los mismos eligen a sus amistades basándose en experiencias positivas y a medida que crecen van teniendo en cuenta otras cuestiones, otros factores como los gustos o las personalidades. Con los nuevos amigos comienza el desarrollo social. El papel de los padres en esta etapa es ayudar al hijo a relacionarse con los otros niños y enseñarle a compartir, es decir, guiarlo en el proceso.
Ser amigos de los hijos o no
Este es un tema muy controversial. Muchos dicen que los padres no deben ser amigos de sus hijos porque de esta forma dejan de ser padres. Otros dicen que hay que tener una relación muy cercana para que ellos adquieran el hábito de comunicarse y cuenten todo lo que hacen. Lo cierto es que se debe lograr una comunicación sincera, respetuosa y abierta de ambas partes.
Y es que, algunos coinciden en que muchos padres confunden la (muy nombrada actualmente) crianza respetuosa con dejar que los niños hagan lo que se les da la gana. Un problema muy común en los padres jóvenes o millennials. ¡A poner un alto! En esta circunstancia el adulto se pone al mismo nivel que el niño y esto le genera dudas al niño y la pérdida de control al adulto. Tampoco se trata de mantener una educación autoritaria. Lo ideal es encontrar el equilibrio.
Los padres deben ser respetuosos con los hijos y lograr que confíen en ellos, pero a la vez que los respeten, porque son los adultos los encargados de poner ciertos límites y muchas veces decir que no. El papá y la mamá son figuras que deben aportar seguridad, guiar y educar. Son un punto de referencia y de contención. Un rol totalmente diferente al de un amigo. Y ojo, que no es lo mismo confianza que amistad.