Con una hija estudiando en Corea del Sur y una diferencia de 12 horas para comunicarse, nos preguntamos cómo viven madre e hija el distanciamiento social, que en el caso de Gloria y Diana Martínez, se dio mucho antes del COVID-19.


Gloria Martínez (62) arranca temprano su jornada. Si algo aprendió en la cuarentena es a confirmar que la mente ocupada es lo mejor para el alma y el espíritu. No da cabida a pensamientos negativos y mantiene la motivación y el enfoque en las rutinas que se arma todos los días, de manera disciplinada. Psicóloga clínica de profesión, pone en práctica las habilidades aprendidas para tener a raya a la ansiedad cuando amenaza sobrevolar espacios que están fuera de su alcance.
Gloria vive con su hijo Jorge, su nuera y su nieto Maximiliano, de cuatro años. “Mi hijo tiene los tres rangos de mayor seguridad en casa: un niño de cuatro años, una esposa embarazada y una persona de la tercera edad. Por partida triple”, comenta entre risas. A Milena la esperan para mayo y Gloria ya adelanta que este será un Día de la madre excepcional. Maxi, por su parte, es el responsable de mantener la mayor parte del tiempo ocupada a Gloria, una tarea que ella destaca con orgullo.
Además busca cosas que hacer en la casa, ama el pequeño jardín que tiene y confiesa entre risas que es una maniática del orden y la limpieza, lo cual la ayuda a mantenerse ocupada constantemente.
Para ponerse al día con Diana (31), su hija, se levanta a las 6:30 a. m. ya que, por lo general, hablan a las 7 a. m. local, equivalente a las 7 p. m. de Corea. La conversación encuentra a Gloria en el desayuno y a Diana en la cena, ya que en Corea se acostumbra hacerlo desde las 6.30 p. m. La comida es parte latente de los encuentros.
Gloria recuerda una frase que le solía decir a Diana de pequeña: ‘Ahora que sos chiquita, escribo tu historia, pero ya llegará el momento en que vas a escribir la tuya’ . Y añade: “Siempre supe que mis hijos iban a volar. En el caso de mi hija, que no era para quedarse, sino para aprender y aprender, que es lo que ella desea”.
Gloria junto a su esposo Vicente (+) y sus hijos: Diana y Jorge.
Diana vive en Seúl desde hace un año y ocho meses, cuando partió para realizar una Maestría en Estudios de Arte en la Universidad de Sungkyunkwan mediante el programa de Becas GKS (Global Korean Scholarship, por sus siglas en inglés), ofrecidas por el Gobierno de Corea del Sur. Se graduó con honores en el 2018 de la Universidad Nacional de Asunción y ese mismo año fue seleccionada.
Y es debido a eso que Gloria ya estaba informada del COVID-19 en diciembre del año pasado. “Desde diciembre, para mí cambian las cosas. Emocionalmente para mí y como mamá que estoy lejos; y se intensifican las comunicaciones. En la universidad donde ella está hay un gran porcentaje de estudiantes chinos; ellos habían salido durante las vacaciones en diciembre para visitar sus países y ahí es cuando comienza el tema”, señala.
Diana por su parte, nos relata que el primer caso registrado en Corea del Sur tiene fecha del 20 de enero. “La preocupación propia de vivir en un contexto como el de nuestros días, mamá la vivió con antelación. Aún así, ella intentó dentro de las posibilidades, transmitir calma y acompañarme en el proceso. Hoy en día es consciente también de que el contexto de la pandemia en Corea del Sur es muy distinto a otros países del mundo; aquí la lucha contra el COVID-19 se realizó a través de una campaña en donde la transparencia y la rapidez para el diagnóstico se convirtieron en componentes de un modelo de gestión ante esta crisis. Creo que saber que me encuentro viviendo en estas circunstancias le otorgó una gran tranquilidad”.
Diana debía retomar las clases en marzo, sin embargo, de momento lo está haciendo sólo de manera virtual. “Corea es uno de los pocos países en el mundo que no entró en cuarentena, si bien siguieron y siguen todas las reglas correspondientes. Inclusive, Diana me envía videos de las calles mostrándome cómo recién ahora la cantidad de afluencia en los lugares públicos también es mayor, como todo fue gradual y siempre respetando el distanciamiento social y demás medidas”, relata Gloria.

Un lazo que se extiende y no se rompe

Madre e hija se mantienen comunicadas vía Instagram o WhatsApp. No son tan asiduas a las videollamadas —salvo algún que otro fin de semana— pero sí a enviarse imágenes durante el día.
“Además de las comidas, también algo que tenemos en común y de lo que hablamos mucho es la música. Nos encanta la música. Aprendí mucho de su juventud y yo tengo lo mío. Por supuesto, también la ropa. Tenemos muchos vínculos que compartir y son todas esas cosas pequeñas cosas las que nos unen a lo largo del día”, comenta Gloria.
Diana también resalta que: “Esta distancia, sin dudas, nos exige estar aún mas pendientes la una de la otra. Mi madre, como muchas otras, se encuentra en la franja vulnerable de contagio. Como hija, siento a la vez una gran preocupación y responsabilidad por transmitirle calma y por supuesto, la información necesaria sobre las medidas de prevención”.
Gracias a la tecnología, mantenerse en contacto ya no es un obstáculo. “Para quienes están alejados de sus seres queridos, es una cosa maravillosa y tampoco nueva, porque Diana ya tuvo otros viajes, sólo que éste es el más largo de todos”, detalla Gloria. Y además, acorde a Diana, su madre es toda una experta en el uso de los emojis.
Un momento importante a lo largo de toda esa comunicación a distancia fue cuando Gloria tuvo que compartir una noticia muy difícil con Diana. Se trataba de su perrito Hermés, Hermi como le llamaban con cariño. Diana era la ama de Hermés y cuando viajó, Gloria se hizo cargo de él. Sin embargo, Gloria se mudó con su hijo y Hermi se quedó a cargo de otra familia.
“Hermés era un antisocial. Sólo nos reconocía a nosotras dos —comienza Gloria—. Después de un tiempo de que él se quedó con la otra familia, sufre un accidente y fallece. Fue muy complicado de contarle, porque ambas le amábamos a Hermés. Fue un silencio largo, triste. Hermi era un cooker spaniel, lo más lindo que nos unía, y lo más fuerte que pasamos juntas”, relata ya emocionada por el cariño que ambas le tenían.
Y si hay algo que las unió aún más, incluso antes del viaje, fue pasar juntas por un momento de transición emocional en la familia. “Cuando Diana viaja, nosotros estábamos pasando un momento emocional muy fuerte. Mi esposo había fallecido en junio y ella viaja en agosto. Va con toda una carga emocional también, más lo que implica adaptarse a toda una cultura y manejos muy diferentes de lo que estamos acostumbrados. Pero con todo eso, el amor, el cariño que le transmitíamos, hicieron lo suyo para que aún desde la distancia le dieran fuerza y compañía”.
Diana destaca que decidir continuar con el programa de la beca fue un deseo expreso de su papá, que ella obedeció. “El distanciamiento llegó en un momento muy particular para la familia entera. Dos meses antes del inicio del programa de la beca, mi papá falleció. Fue un evento que lo atravesamos juntas una mañana muy temprano en casa. Tener que tomar la decisión de estudiar en estas difíciles circunstancias responde a que fue el último deseo que papá me expresó antes de partir”.
La familia Martínez Chaves reunida.
Sin embargo, gracias a ello, el lazo que mantienen madre e hija se fortaleció. “Este evento forjó un lazo aún más estrecho entre nosotras. Nuestra relación como madre e hija cambió por completo. Ahora sabemos que ambas nos tenemos incondicionalmente a pesar de las 12 de horas de diferencia, las circunstancias de la vida o de los malabares que haya que hacerse para mantenernos en contacto”.
“La vida puede ser así de sencilla y complicada a veces. Lo que nos alegra es la familia. No puedo más que agradecerle a Dios por mis hijos. Mi primera hija falleció, después vino Diana y después vino Jorge. Mi familia me hizo ser fuerte y lo que soy hoy”, reflexiona Gloria.

De Corea, con amor

Por este día de las madres desde la distancia, pero siempre cerca del corazón, Diana le dedica este mensaje a su madre:
“Si bien es psicóloga clínica de profesión, mamá trabajó por casi 25 años en turismo. Debido a esto, he visto desde muy pequeña a mi madre ir y venir con anécdotas de sus viajes por el mundo; vi de cerca las valijas repletas con recuerdos de todos los rincones de Europa y Tierra Santa. El Silvio Pettirossi no era territorio extraño para nuestra familia y la imagen que tengo esperando a mamá tampoco: luego de cada viaje, llegaba cansada y llena de lágrimas, feliz siempre de volver al lado de su esposo e hijos.
Mi mamá tiene un amor profundo por el mundo, pero un amor más grande aún por su familia. En este día, quiero decirle a mi madre que soy producto de esas dos versiones de amor, y que llevo orgullosa, por algún rincón de Corea del Sur, el gran título de ser su hija”.
Diana Martínez en Seúl, Corea del Sur.