Es normal confundirlas antes de que sus frutos comiencen a madurar, ya que ambas pertenecen a la misma especie y comparten ciertas características. Aunque son similares, sí tienen algunas diferencias.
La calabaza y el calabacín forman parte del grupo de las cucurbitáceas, una familia de plantas típicamente trepadoras. Por lo tanto, además del nombre tienen otros parecidos como, por ejemplo, sus beneficios en la salud.
La calabaza se destaca por un alto nivel nutricional que la convirtió en un vegetal de primera necesidad. Crece en enredaderas muy largas y sus hojas son bastante grandes y en forma redonda, generalmente tienen bordes dentados con tres o más venas. También cuenta con flores anaranjadas o amarillas.
Por su parte, el calabacín suele ser espeso y la mayoría de las variedades no se enredan. Solo hay algunos tipos que se arrastran. Las hojas de la planta son de color verde oscuro, grandes y tienen de cinco a siete lóbulos que se irradian desde un punto. Junto a los tallos tienen pelos de plantas diminutos y espinosos.
Cuando estas plantas comienzan a producir frutos, se empieza a notar la diferencia. La calabaza es verde o amarilla con interiores blanquecinos y esponjosos, sin embargo, el calabacín se cosecha más comúnmente en verano. Suelen tener una piel verde o amarilla. Además de eso, la forma general suele ser recta, pero las variedades amarillas pueden tener bases bulbosas y ser más afiladas hacia la parte superior.
La calabaza, muy conocida su forma y color.
El calabacín crece directamente del tallo, la calabaza a ras del suelo. El primero ama la humedad y el sol mientras que el segundo resiste mejor a las grandes fluctuaciones de temperatura, a su vez necesita ser escardada frecuentemente porque bajo sus guías crecen las malas hierbas y sus raíces no logran alcanzar el suelo. El calabacín, en comparación con la calabaza madura más rápido.
Propiedades de la calabaza y el calabacín
Ambas son beneficiosas para la salud y aportan una gran cantidad de nutrientes como también antioxidantes. Por ejemplo, el calabacín contiene mucílago que se trata de una fibra soluble muy buena para la digestión que además nos ayuda a controlar la glucemia y el colesterol y como se hincha en presencia de agua, resulta muy saciante.
También puede ser útil para tratar los síntomas del intestino irritable y la encontramos en otros alimentos, como las semillas de chía o lino, que son claves para nuestra microbiota, nos ayudan a regular el tránsito intestinal y reducen el riesgo de padecer úlceras intestinales.
Sin embargo, la calabaza se debe a la presencia de betacarotenos, precursores de la vitamina A, que actúa directamente para tener una mejor visión. Asimismo, contribuye a fortalecer nuestro sistema inmune y a mantener correctamente nuestra piel, las mucosas, los músculos o los huesos.
Este vegetal podemos comer hasta las pipas o semillas, que son muy ricas en ácidos grasos poliinsaturados, vitamina E, fibra y antioxidantes.
El calabacín
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