La instructora de yoga Carolina Morga dio a luz en plena cuarentena. Su parto fue domiciliario, un proceso al cual llegó gracias a la filosofía de la disciplina que enseña.
Eran las 11 p.m. del viernes 27 de marzo. Carolina (38) estaba a un día de cumplir 40 semanas de embarazo. Candela, la bebé que la convertiría en mamá por segunda vez, llegaría en cualquier momento. Esa noche, Caro estaba mirando una serie con su marido en la sala de la casa, cuando de repente sintió correr un líquido en la zona inferior de su cuerpo y, confundida, fue al baño para ver de qué se trataba.
Al instante, se dio cuenta de que había roto bolsa, entonces, inmediatamente, llamó a su partera, quien la asistió desde la medianoche. Después del nacimiento de Lorenzo, su hijo que ahora tiene dos años decidió que a su próximo bebé lo tendría a través de un parto domiciliario. La historia de cómo y por qué eligió esta experiencia comienza ocho años atrás.
Carolina es instructora de yoga desde el 2012. El ritmo intenso de su trabajo la había llevado a buscar una disciplina que la desconectara de esa vida tan acelerada. “Trabajaba en una agencia de publicidad y, como estaba a cargo de muchas marcas, todos los días explotaba el caos en mi vida. Necesitaba parar un poco, encontrar un equilibrio. Por eso, empecé a hacer yoga. Después de un tiempo me di cuenta de que, como estaba tan enamorada de esto, quería transmitir lo que aprendía”, recuerda Morga.
Al principio, enseñaba gratis dos veces por semana en la terraza de su departamento, después del horario de oficina. Sin embargo, a fines de 2013, renunció a su trabajo; viajó a la India en el 2014 y, a su vuelta, se volcó de lleno al yoga. Desde ese año tiene su propio estudio, Ram Hari, donde además del kundalini —al que se lo conoce como el yoga madre— enseña técnicas vinculadas a la maternidad, como el yoga prenatal, yoga posparto, yoga con bebé, entre otras.
Carolina se preparaba para su parto en casa desde hace mucho. La cuarentena, más allá de la incertidumbre, trajo a su vida un aspecto positivo en la última fase de su embarazo: “Las dos semanas previas al nacimiento de mi hija pude desconectarme de todas mis actividades, así como lo había hecho con mi primer hijo. Porque, así como lo enseño, las embarazadas deben relajar su mente y su cuerpo, entrar en una sintonía, conectarse con ellas mismas y con el proceso que vivirán durante el parto”, comenta.
Cuando se declaró la cuarentena en Paraguay, el grupo de WhatsApp que comparte con sus alumnas embarazadas empezó a sonar más seguido. “Al principio, tenían miedo de ir al hospital porque no se sabía cómo iba a ser (si los papás iban a poder entrar o si las mamás parirían solas, si había riesgo de contagio, etc.). Para muchas fue complicado porque todo estaba limitado, ni los controles podían hacerse con libertad”, cuenta.
Muchas de estas mamás parieron en medio de la cuarentena, pero esas dudas fueron desapareciendo a medida que todas contaban sus experiencias del parto hospitalario. El caso de Caro era una excepción, porque la cuarentena no condicionó su parto, sino que le facilitó ciertos procesos para los cuales ya se venía preparando.
Si bien el aislamiento social le dio espacio y tiempo para poder conectarse con ella misma antes del parto, tuvo que hacer frente a otros desafíos. “Siento mucho más cómo esta cuarentena afectó a mi hijo mayor. Lorenzo justo está en los ‘terribles 2 años’. Él había empezado la guardería en febrero y estaba super feliz y adaptado. Queríamos que para cuando llegue su hermanita, esté preparado y tenga su propio espacio, donde pueda jugar, etc., pero esto que pasó vino a cambiar los planes de todo el mundo”, relata Carolina.
“En mi caso, sí tuve que hacer un cambio. Así como en mi primer parto, yo iba a estar acompañada de una doula, que es la persona que te sostiene emocionalmente durante el parto; alguien que te dice ‘dale, seguí, vos podés’ porque puede volverse cansador. Ella fue sincera conmigo al contarme que tuvo que visitar a algunas mamás en los hospitales durante la cuarentena. Eso no me dio seguridad, entonces tuve que prescindir de ella para mi parto”, añade.
Carolina hizo yoga hasta el día en que parió, pero luego, desde que inició su posparto, se limitó a descansar y recuperarse. “Los 40 días posteriores al parto dejo de hacer yoga, sí medito, pero no hago yoga porque – así como les enseño a mis alumnas – el cuerpo tiene que sanar. Es importante porque todo está volviendo a su lugar, el útero duplicó su tamaño y tiene que volver a la normalidad. Hay que darle un respiro al cuerpo porque así se recupera más rápido también”, comparte.

Maternidad consciente

Su primer parto fue natural, en un hospital. Sin intervenciones, cortes ni anestesias. “Fue un parto respetado, el doctor estaba absolutamente alineado a mi forma de parir. Pero, en un ambiente hospitalario una no siempre se siente cómoda. Aquella vez, no había elegido la posición óptima. Por eso, después de ese parto, quise buscar más información sobre maternidad consciente”, señala.
Carolina viajó a los Estados Unidos para formarse en hypnobirthing (hipnoparto), un método que a través de técnicas de relajación ayuda a controlar el dolor generado por el miedo y la tensión durante el trabajo de parto. “También hice un curso de doula. Como tenía más conocimiento, decidí que mi próximo bebé nacería en casa. Mi primer parto fue clave para saber qué quería mejorar”, destaca.
“El estrés en las embarazadas que están a punto de parir es algo acumulativo”, dice Morga. Y explica que muchas mamás le cuentan que trabajaron hasta el día en que parieron, sin descanso, a veces. “Eso genera un estrés del cual no somos conscientes, pero en el cuerpo hay adrenalina y eso hace que no se desarrolle el proceso natural del parto”.
“El cuerpo y la mente necesitan estar conectados para cuando llegue ese momento. ¿Qué les pasa también a las mamás? Están en la semana 37 de embarazo y su entorno ya empieza a preguntar ¿cuándo nace? o ¿por qué no está naciendo todavía? Todos esos comentarios generan una tensión y provocan que las mamás piensen que algo falla en sus cuerpos”, analiza.
Carolina señala que durante el trabajo de parto en un sanatorio, esa misma tensión aparece por muchos factores externos. “Las luces, las enfermeras entrando y saliendo, todo el mundo hablándole a la embarazada etc. El reconocido médico obstetra francés, Michel Odent, habla de que la mujer tiene que estar conectada con ella misma; generar ese proceso de intimidad para poder parir. La oscuridad y el silencio son importantes para que su cuerpo responda a ese proceso natural”, declara.
“Nuestro cuerpo está diseñado perfectamente para parir, pero muchas veces la vida que llevamos no nos permite fluir. Ser conscientes de nuestras emociones y procesos nos hace ser más conscientes de nuestra maternidad. Ser mamá es un cambio muy fuerte, por eso hay que estar preparadas, saber qué cambios va a implicar”, reflexiona.
Y continúa: “Esa maternidad consciente puede darse con cualquier disciplina, religión, etc. Yo elijo el yoga porque te ayuda a ver cosas que quizás antes no podías ver por sentirte abrumada; te conecta con tus emociones; te da una rutina, herramientas y ejercicios de respiración para estar tranquila; te reorienta hacia lo que pensás y querés. La maternidad te puede desfasar si no estás consciente de eso”.

Un acto de amor

Eran más de las 12 a.m. del sábado 28 de marzo. Carolina estaba en su habitación haciendo sus técnicas de respiración. En ese momento, mientras la partera la asistía, se levantó para ir al baño. Ni bien llegó a este, Candela pidió salir. Fue todo tan rápido que su pareja, Rafael Alfaro, ya no pudo ir a buscar las toallas que tenían organizadas para el parto y agarró las que encontró a mano. “Él fue mejor que cualquier doula esa madrugada”, recuerda.
Candela nació a la 1:38 a.m., su mamá la recostó en su pecho y la llevó a dormir con ella. El mundo al cual llegaba no estaba, ni está hasta hoy día, en su mejor versión. Sin embargo, su nacimiento ocurría en el lugar más seguro, cálido y amoroso que pueda existir: su hogar.